Su nombre verdadero era William Temple. Inglés, cristiano reformado, hombre de negocios y empresario ferroviario. En la Argentina del siglo XIX, el idioma castellano moldeaba todo lo que tocaba, y William se convirtió en Santiago. Así quedó registrado en los contratos, en las leyes provinciales, en la historia y, finalmente, en el nombre de un pueblo: Santiago Temple, en el departamento Río Segundo de la provincia de Córdoba.
En 1887 se formó en Londres la empresa Ferrocarril Central Córdoba para tomar la concesión cordobesa otorgada a William Temple, conocido en Argentina como Santiago Temple. Era la época de expansión ferroviaria más intensa del país, un período en que Argentina atraía capitales británicos a una escala sin precedentes, y hombres como Temple llegaban dispuestos a operar en ese entramado de negocios, concesiones y poder político.
El contexto: la Argentina que se integraba al mundo
Para comprender la figura de Temple es necesario situarla en su tiempo. En la segunda mitad del siglo XIX, la República Argentina constituía uno de los destinos de inversión más atractivos para el capital europeo, particularmente el británico. En Rosario, durante ese período, se produjeron fuertes inversiones de capital británico en aguas corrientes, gas, tiendas y ferrocarriles.
"Ser inglés, qué pichincha entonces", escribía Lucio V. Mansilla, aludiendo a la posición privilegiada que los súbditos de la Corona gozaban en aquella sociedad.
El ferrocarril era el símbolo material del programa liberal. Unir ciudades, abrir mercados, poblar territorios y conectar la producción del interior con los puertos: esa era la promesa del riel. Era también, para quienes supieran moverse en los laberintos de las concesiones gubernamentales, un negocio de extraordinaria rentabilidad.
Las concesiones: dos provincias, un mismo concesionario
Los gobiernos de las provincias de Córdoba en 1885 y Santa Fe en 1886 autorizaron la construcción de ferrocarriles provinciales de trocha angosta que, partiendo de las ciudades de Córdoba y Rosario respectivamente, unirían sus rieles en el límite interprovincial. Ambos gobiernos celebraron contrato para su construcción con el mismo concesionario: don Santiago Temple. Éste se comprometió con el gobierno de Córdoba a construir una línea desde la capital provincial hasta San Francisco, en el límite de Santa Fe, y con el gobierno de esta última provincia había obtenido concesión para el tramo de San Francisco a Rosario, con un ramal a Rafaela.
La operación era de una envergadura considerable. Temple no era un simple constructor de rieles: era un operador que sabía obtener derechos, organizar capitales y transferir concesiones en el momento oportuno. La ley provincial de Córdoba del 3 de noviembre de 1885 autorizaba al Poder Ejecutivo a celebrar un contrato con Santiago Temple para construir una línea férrea que, partiendo de la ciudad de Córdoba con dirección al Este, pasara por las inmediaciones de la Villa de Santa Rosa y continuara hacia Villa Concepción. El contrato de concesión se firmó el 12 de abril de 1886.
La sección santafecina fue transferida por Temple a Meiggs y Cía., quienes en 1888 iniciaron los trabajos de San Francisco a Rosario. Ese era su método: obtener las concesiones, estructurar el negocio y transferir derechos en las condiciones más favorables, capitalizando cada etapa del proceso.
La construcción, el pueblo y el nombre
La construcción del ferrocarril comenzó efectivamente en el año 1886. El recorrido de la sección comprendía 209 kilómetros, siendo el punto de partida la Estación de Alta Córdoba y el punto terminal San Francisco.
El 15 de agosto de 1888 se conmemora como la fecha de fundación de Santiago Temple. Los empleados que trabajaron en la construcción del ferrocarril construyeron sus viviendas y dieron origen a la localidad.
El pueblo no nació de una carta fundacional ni de un decreto gubernamental. Surgió del asentamiento espontáneo de los trabajadores de la obra, de los campamentos que con el tiempo se convirtieron en viviendas permanentes. Su denominación original fue Oratorio de Peralta, la misma que tenía la pedanía donde se encontraba asentado. Tras el paso del ferrocarril, se le cambió el nombre en reconocimiento a la persona que realizó la obra.
William Temple: constructor de rieles, hombre de fe
Una dimensión poco conocida de la historia de Temple es su identidad religiosa. William Temple era inglés y, como la gran mayoría de sus compatriotas de la época, pertenecía a la tradición del cristianismo reformado, la misma que en Inglaterra tomó la forma de la Iglesia Anglicana y que, en sus distintas expresiones, recorrió el protestantismo europeo desde el siglo XVI.
Los registros de la época conservados por investigadores locales sugieren que Temple no pudo contraer matrimonio en las formas habituales de la sociedad cordobesa de entonces, muy probablemente porque su compañera pertenecía a una tradición religiosa diferente. Las normas que regulaban los matrimonios mixtos en aquella época imponían restricciones significativas, y muchos extranjeros protestantes radicados en el interior del país vivieron esa tensión de manera cotidiana. Se trata de una hipótesis fundada en el contexto histórico y en los documentos disponibles, antes que de un dato plenamente certificado.
Lo que esos registros revelan, más allá de la anécdota personal, es que Temple fue un hombre de fe que sostuvo su tradición reformada en un entorno culturalmente diferente. En ese sentido, su historia resuena con la de figuras contemporáneas que han mantenido ese mismo linaje espiritual en tierras cordobesas, como el propio Dr. Ferraz, cuyo ministerio pastoral encuentra un antecedente histórico inesperado en este empresario inglés del siglo XIX.
Donación de tierras y vínculos con el poder
Temple no fue únicamente un constructor de vías férreas. Fue también un agente económico que supo tejer relaciones con los sectores dirigentes de su tiempo. La donación de tierras a la provincia fue parte de esa lógica: un gesto que en aquella época cumplía simultáneamente una función de consolidación de vínculos políticos y de legitimación social.
El empresario Santiago Temple firmó sendos contratos con los gobiernos de las provincias de Córdoba y Santa Fe, en los años 1872 y 1873, para la construcción de un ferrocarril de trocha métrica entre las ciudades de Córdoba y Rosario. Sus relaciones alcanzaban los niveles más altos del poder político argentino de la época, en un período en que figuras como Juárez Celman —gobernador de Córdoba y luego Presidente de la Nación— y personalidades de la talla del Beato Fray Mamerto Esquiú eran parte del escenario social y político en el que Temple desarrollaba sus negocios.
Un apellido inglés que todavía vive en el mapa cordobés
Santiago Temple es hoy una localidad de la pedanía Oratorio de Peralta, del departamento Río Segundo, provincia de Córdoba, ubicada a 80 kilómetros de la capital provincial sobre la Ruta Nacional 19. Su actividad económica principal es la agricultura, la ganadería y, en menor medida, la industria.
William Temple, el empresario inglés que Argentina hispanizó con nombre de apóstol, dejó en el mapa cordobés algo más duradero que sus contratos y concesiones: un pueblo y una historia. La historia de un hombre de fe reformada que construyó rieles a través de la pampa, que hizo negocios con los gobernadores, que vivió las tensiones propias de un extranjero protestante en una sociedad con sus propias tradiciones religiosas, y que, sin proponérselo, fundó una localidad que hoy lleva su nombre hispanizado.
Esa historia, en buena medida, sigue viva.
